historias

¿cuánto vale una idea?... nada, lo que vale es nuestra capacidad de ponerla en marcha


El valor del diseño en las organizaciones

Publicado el

diseno

Vivimos una época dulce para el diseño. Hoy muchas organizaciones ya consideren el valor del diseño como herramienta fundamental para la estrategia y la innovación. Lo que alguna vez, para muchos de nosotros, fue como gritar en el desierto ahora se ha convertido en un evangelio. Sin embargo, en ocasiones, escuchamos discursos vacíos de falsos profetas.

Las pequeñas organizaciones con ofertas de productos o servicios bien definidos ya han visto los resultados de aplicar prácticas de diseño en sus estrategias de negocio y en sus procesos de innovación. Los responsables de estas organizaciones aplican metodologías de diseño, utilizan la riqueza cada vez mayor de los recursos digitales actuales y aprovechan la afluencia de nuevo talento para producir valor tangible a través del diseño. Algunas de estas organizaciones ya son referentes, o casos de éxito, y las prácticas de diseño forman parte de su identidad.

Pero ¿qué pasa en las organizaciones grandes y complejas que buscan un retorno de la inversión a través del diseño?, ¿a través de los nuevos canales digitales?, ¿a través de unidades de negocio o departamentos específicos para ello?

Estas se están encontrando que les resulta difícil y frustrante darse cuenta de valor del diseño y, por lo tanto, de tenerlo en cuenta o aplicarlo correctamente en sus estrategias y procesos.

Hay varias razones para esto:

  1. Es más fácil evangelizar que implementar
    Las organizaciones creen ahora que el diseño les proporcionará valor, pero no saben cómo definirlo, ponerlo en marcha o medirlo. Tienen que ser capaces de entender qué inversiones se están realizando en diseño, determinar sus retornos y ajustar en consecuencia allá donde sea necesario. Necesitan identificar y comunicar este valor dentro de su organización y, para que esto suceda, necesitan nuevas habilidades, herramientas y un diálogo colaborativo entre todos los responsables de la organización.
  2. La era de los pioneros del diseño digital está terminando
    Los diseñadores de hoy son diferentes y los responsables del diseño deben entender que el paisaje digital actual ya no es el vasto territorio inexplorado que alguna vez fue. En las primeras épocas de Internet y de los dispositivos móviles necesitábamos crear nuevos paradigmas y combinarlos con una variedad de habilidades tomadas de otros campos del diseño para poder hacerlo. Hoy, los diseñadores son nativos digitales, tienen amplias habilidades centradas en el usuario y una comprensión intuitiva de los paradigmas de interacción ya establecidos. No están explorando este mundo sino que lo están habitando. Equiparlos y guiarlos para que tengan éxito necesita adoptar un nuevo enfoque.
  3. El front-end es difuso otra vez
    Ahora que las plataformas están cada vez más asentadas, las grandes organizaciones están viendo el retorno de un problema clásico en el desarrollo de productos: dedican demasiado tiempo para pasar desde la identificación de las oportunidades o las necesidades al diseño y desarrollo de los productos o las soluciones. Ahora que la disrupción tecnológica cada vez proporciona menos mecanismos de enfoque, se necesita conocimiento, método y rigor para dar forma y priorizar los esfuerzos, ser más efectivos y más ágiles en las respuestas a dichas oportunidades y necesidades
  4. Ahora el contexto de los clientes es más complicado
    Siempre ha sido difícil para las organizaciones grandes y complejas tener empatía con sus clientes. Trabajar día a día en una sede corporativa crea una relación distante e irreal con el cliente. Aunque las organizaciones saben desde hace años años la importancia de superar esta carga y construir una adecuada empatía con el cliente, también saben que ahora es mucho más difícil que nunca. Hoy en día las experiencias de los clientes se componen de una multitud de diferentes productos, servicios, plataformas y dispositivos. Es difícil incluso trazar sus viajes, mucho menos entenderlos y sentir empatía a través de sus experiencias. Es necesario un nuevo conjunto de herramientas y capacidades para hacer frente a este nuevo contexto y para crear empatía por aquello que está pasando en el mundo real.
  5. Tener algunas herramientas no es lo mismo que tener una solución
    Desde hace tiempo las organizaciones han llevado a cabo proyectos utilizando algunas herramientas típicas del pensamiento de diseño tales como card sorting, customer journey, prototipado, testing, guías de estilo o mapas de interacción. El desarrollo y el uso de estas herramientas, aunque en ocasiones de manera inconexa y desordenada, es necesario pero no suficiente. Las organizaciones complejas necesitan abordar la solución al revés, como lo harían si pusieran en marcha un nuevo negocio. En ese caso, no adquirirían herramientas sin más, buscarían disponer de todo lo necesario (personas, herramientas, capacidades, metodologías, conocimiento, etc.) para que un equipo de diseño avance y trabaje bien.
  6. Sólo un buen equipo puede alcanzar a entender todo esto
    Vivimos una época en la que la cantidad de información, la acumulación de datos, y la variabilidad de los mismos es inmensa. Todo esto crece de manera exponencial y cada vez se separa más de la capacidad de entenderlo y gestionarlo por parte de las personas de manera individual o de las organizaciones estancas. Es por esta razón que hoy, más que nunca, resulta clave la comunicación y el trabajo colaborativo (ya sea entre personas, entre departamentos y entre distintas empresas) que permitan aunar esfuerzos y soportar en equipo, de manera global y distribuida, el manejo, el análisis y la interpretación de todo este complejo espectro.

Entonces, ¿qué hay que hacer?
Conectar la teoría del diseño a las realidades del negocio diario

Los responsables de las organizaciones de hoy necesitan entablar una nueva conversación. Ya hemos tenido discusión más que suficiente sobre la teoría a alto nivel de lo que el diseño puede significar para las organizaciones, y, en el otro extremo, ya disponemos de gran cantidad de contenido creado para estos enfoques de diseño, con multitud de procesos y herramientas que, aunque en ocasiones sea de manera desordenada, se utilizan en cada proyecto. Ahora donde necesitamos más conversación está en el espacio intermedio.

Conectar las teorías del diseño a las realidades del día a día del negocio es el mayor reto para las organizaciones complejas, aquellas que disponen de una variedad de productos y servicios para una amplia variedad de clientes.

Para nosotros, si ahora hemos conseguido llegar hasta el convencer de que el diseño es importante y va a impulsar el valor en las organizaciones, nos surge un reto importante, ¿cómo cumplir con esa promesa?


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *